El censo del pueblo
En el segundo año después del Éxodo, Dios dice a Moshé que haga un censo de los israelitas, contando a cada hombre de veinte años o más que pueda servir en el ejército. Un líder de cada tribu ayuda, y las tribus se cuentan una por una, hasta llegar a un total de 603.550. El recuento no es aritmética fría: cada persona se pone de pie para ser reconocida como parte del todo. Al nombrarlos y contarlos, Dios trata a una vasta multitud como una comunidad de individuos, cada uno visto y cada uno perteneciente.
Estandartes alrededor del Mishkán
Luego Dios ordena el campamento con cuidadoso orden. Las doce tribus se agrupan en cuatro divisiones de tres, cada división bajo su propio estandarte, situadas al este, al sur, al oeste y al norte del Mishkán. El Santuario se ubica en el centro mismo, con los levitas acampados justo a su alrededor. La misma disposición fija el orden de marcha cuando el pueblo viaja, de modo que dondequiera que vaya Israel, la presencia de Dios permanece en el corazón del campamento.
La tribu de Leví
Los levitas se cuentan por separado del resto de la nación, pues no son soldados sino servidores del Santuario. Dios los designa para custodiar, transportar y cuidar el Mishkán y sus vasos sagrados, trabajando bajo Aharón (Aarón) y sus hijos, los sacerdotes. Apartados para el deber sagrado, los levitas pertenecen a Dios de un modo especial. Su papel recuerda que un pueblo santo necesita a quienes tienen como único propósito atender lo que es santo.
El rescate de los primogénitos
Dios declara que los levitas ocuparán el lugar de los primogénitos de Israel, que fueron consagrados al servicio divino cuando Dios los salvó en Egipto. Se cuenta a los primogénitos, y donde su número supera al de los levitas, el resto se rescata con un pago entregado a los sacerdotes. En este intercambio, la vocación de un grupo pasa en silencio a otro. El momento muestra cómo el servicio a Dios puede confiarse, transferirse y llevarse sobre los hombros de quienes son elegidos para ello.
El transporte de las cosas sagradas
La parashá se vuelve hacia la familia de Kehat (Coat), los levitas encargados de transportar los objetos más sagrados del Mishkán. Como estos objetos son tan santos, Aharón y sus hijos deben primero cubrir el Arca, la mesa, la menorá y los altares antes de que comience el viaje, para que los kehatitas nunca los toquen ni los miren directamente. Manejar la santidad exige a la vez cercanía y distancia reverente. La lectura termina con esta cuidadosa coreografía, un pueblo que aprende que incluso el modo de portar lo sagrado importa profundamente.
