Un don del corazón
Dios le dice a Moshé (Moisés) que invite al pueblo de Israel a traer una contribución, una terumá, para la construcción del Santuario, pero solo de aquellos a quienes el corazón mueve a dar. Los materiales son muchos: oro, plata y cobre, lana ricamente teñida y lino fino, pelo de cabra y pieles de animales, aceite, especias y piedras preciosas. Entonces Dios declara el corazón de todo el proyecto, que el pueblo le haga un Santuario para que Él pueda morar entre ellos. La morada no es por Dios, que llena todo el espacio, sino para que Su presencia pueda sentirse en medio del campamento.
El Arca y los querubines
Las instrucciones comienzan con el vaso más sagrado, el Arón (el Arca), un cofre recubierto de oro que guardará las tablas del pacto. Sobre él descansa una cubierta de oro macizo coronada por dos keruvim (querubines), figuras aladas que se miran una a otra con el sentido de un abrazo divino. Desde el espacio entre estos querubines, le dice Dios a Moshé, Él hablará y dará Sus mandatos a Israel. Este vaso más interior se vuelve el punto de encuentro entre Dios y Su pueblo.
Mesa y lámpara
Viene después el Shulján (la Mesa), una mesa de madera de acacia recubierta de oro sobre la que se pone ante Dios un pan especial de la proposición en todo momento. Frente a ella se yergue la Menorá (el candelabro), forjada de un solo bloque de oro puro, con un tronco central y seis brazos labrados en cálices, botones y flores de almendro. Sus lámparas han de dar luz dentro del Santuario de continuo. Juntas, la mesa y la lámpara llenan el espacio santo de sustento y luz.
La morada misma
La Torá describe luego la estructura del Mishkán como un todo. Hermosas cortinas de tapiz de lino y lana de colores se unen en una gran cubierta, superpuesta con cortinas de pelo de cabra y luego coberturas protectoras de pieles. Las paredes se forman de tablones verticales de acacia revestidos de oro, asentados en basas de plata y afirmados por barras horizontales. Pieza por pieza, toma forma una morada portátil que puede armarse y transportarse dondequiera que Israel viaje.
Cortina y altar
Dentro del Santuario una cortina tejida especial, la Parójet (la cortina divisoria), separa la cámara más interior donde reposa el Arca como el Lugar Santísimo. Un segundo velo cuelga a la entrada de la tienda misma. Afuera, en el atrio abierto, se yergue el gran Mizbéaj (el altar) de madera de acacia revestido de cobre, provisto de cuernos en sus esquinas y de todos los utensilios para las ofrendas. Aquí, ante la morada, se llevará a cabo el servicio del sacrificio.
El atrio
Finalmente la Torá dispone el jatzer, el atrio que rodea el Mishkán. Colgaduras de lino fino, sostenidas por columnas asentadas en basas, encierran un rectángulo sagrado, con una cortina que sirve de portal. Esta frontera separa el suelo santo del espacio ordinario del campamento, dando al Santuario un marco digno. Con el atrio definido, el plan de un lugar donde el cielo y la tierra puedan encontrarse queda completo.
