Todos vosotros estáis de pie
La lectura comienza con todo Israel de pie ante Dios para entrar en Su pacto: líderes y ancianos, hombres, mujeres y niños, hasta el leñador y el aguador. Nadie queda excluido, y de manera notable el pacto liga no solo a los presentes, sino a toda generación aún por venir. Moshé advierte contra la raíz oculta de la idolatría y contra la persona que en privado imagina que puede seguir su propio corazón obstinado y aun así hallar paz. Luego distingue las cosas ocultas, que le pertenecen a Dios, de las cosas reveladas, que le pertenecen a Israel y a sus hijos para vivir conforme a ellas.
Retorna y elige la vida
El pacto da paso a una de las promesas más esperanzadoras de la Torá. Aun dispersos hasta los confines de la tierra, predice Moshé, el pueblo puede tomar su exilio a pecho, volver a Dios con todo su corazón y ser reunido en casa con el corazón renovado. Les asegura que este modo de vida no está lejos en los cielos ni al otro lado del mar, sino muy cerca, en su boca y en su corazón. Convocando al cielo y a la tierra como testigos, pone ante ellos la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y los exhorta con todas sus fuerzas a elegir la vida.
La despedida de Moshé
Ahora comienza Vayélej, y el tono cambia hacia la despedida. Moshé dice al pueblo que tiene ciento veinte años y ya no puede guiarlos en sus idas y venidas, y que Dios le ha dicho que no cruzará el Jordán. Sin embargo, los serena: Dios mismo irá delante de ellos, y Yehoshúa los conducirá al otro lado hacia la victoria. Llamando a Yehoshúa al frente ante todo Israel, Moshé le encarga ser fuerte y valiente, prometiéndole que Dios nunca le fallará ni lo abandonará.
La Torá confiada
Moshé pone por escrito esta Torá y la entrega a los sacerdotes y ancianos que llevan el Arca. Ordena que una vez cada siete años, en el año sabático durante la fiesta de Sukot, se reúna a toda la nación, hombres, mujeres, niños y extranjeros, para oír la lectura de la Torá en voz alta a fin de que aprendan a reverenciar a Dios. En esta gran asamblea, conocida después como Hakhel, cada alma vuelve a ser estudiante una vez más. La enseñanza escrita está destinada a ser la herencia compartida de todo el pueblo, nunca la posesión de unos pocos.
Un canto por testigo
Dios llama a Moshé y a Yehoshúa a la Tienda de Reunión y aparece en una columna de nube. Predice, con pesar, que después de la muerte de Moshé el pueblo se extraviará tras dioses ajenos y quebrantará el pacto, y que vendrán tiempos difíciles. Por eso Dios ordena a Moshé escribir un canto y enseñarlo a Israel, una melodía que perdurará en sus labios como testigo honesto cuando más necesiten hallar el camino de vuelta. Moshé termina de escribir la Torá y hace que se coloque junto al Arca, luego reúne a la asamblea para oír las palabras del canto.
